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Rosalina era una pelirroja natural en una familia de pelo castaño, la unica de ojos azules. Los hombres, claro, la encontraban más atractiva por ambas an Rosalina lo amaba, pero con algo él tenía que pagar la obediencia que demandaba de ella. ¿Por qué no usar la gorra en la casa para su ventaja? Un día, pues, mientras hacia el desayuno ella envolvió el cabello bajo aquella gorra y espero a ver si su marido encontraba algo raro en su comportamiento. No más pronto Federico se sentó a la mesa a beber su jugo, cuando dijo— ¿Y que de ese alfiler tan largo hundido en la gorra, man? Con la sonrisa mas dulce que pudo lograr, Rosalina se paro tras de el. Ella, sus brazos alrededor del cuello de su marido, le murmuro al oído—Ese alfiler largo habla de algo que quiero me tu me hagas, papi. ¿Adivinas? El no pudo contener su risa. Bajo a Rosalina a su falda. Sus lenguas entrelazadas en un beso francés, Federico aprovecho el momento. Lentamente deslizo una mano entre los muslos de su mujer. Rosalina resistió sus caricias—su marido disfrutaba en prolongar su conquista para calentarla al máximo. Pero lista ya a la entrega, ella lloriqueó contra aquellos labios hambrientos: Ay, papi… Cojeme aquí… por favor… ay... ay... ¡ay! —Ni lo pienses, coño—se levanto—y le dio unas palmadas en las nalgas—. Siéntate. No he terminado contigo. Rosalina no imaginaba lo que su marido se proponía. Sabia, por el tono de su voz, que de ninguna manera ella le convencería a que la cogiera allí en la cocina. Resignada, tomó asiento. Espero: el momento se llegó. —Terminare dandote lo que tu verdaderamente querias hace unos minutos. Delante de su mujer ahora, tomó de la mesa un chupete de uno de sus hijos. El lo insertó en su boca, y comenzo a mamarlo. Federico tiro el chupete en el fregadero. Sin una palabra más, Federico dejo su mujer sentada allí, ansiosa ahora por que terminara el día. Estaba bellaca. Necesitaba a su macho en su cama. Llegada la noche, Federico cumplió todo lo prometido esa mañana. Rosalina lo gozó: él le dejo dentro otra boca para alimentar. A la edad de 30 años, Nicholas Straite, nativo de Nueva York, vive el sueño americano. Él tiene un grado médico de John Hopkins, prestigiosa escuela de medicina. Nicholas también posee un apartamento lujoso en Park Avenue. Además, tiene una amante, Dra. Anne Rosenberg de nombre. Mujer de 45 años, Anne ha jurado nunca darle su libertad. -- Resumen ... Lea más | Criticas | PDFs Preferidos |
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